Minimalismo, menos consumo, slow life, menos publicidad y más acción para cuidar al cliente.

Expectativas 2022

Por Beatriz de Andrés, CEO y Fundadora de Art Marketing 

Muchas marcas no ven la ola que viene y no es la de la COVID-19. La nueva ola es una nueva conciencia de consumo que viene despacio, pero imparable: 

  • La subida del IPC que merma capacidad de compra de los ciudadanos. 
  • Los incrementos del precio de la energía que reduce sustancialmente el dinero disponible para el consumo cada mes. 
  • Las nuevas generaciones que toman las riendas de la economía con otros principios y objetivos vitales.  
  • Se van jubilando los baby boomers, que suponen un enorme grupo demográfico que demandan un retiro laboral activo. Demandan más productos y servicios pensados para senior. 
  • La generación X que entra en su cincuentena se ha desengañado del espejismo del éxito y está en la búsqueda de otros alicientes vitales siendo conscientes de que su ahorro es, cuando es posible, insuficiente para una senectud holgada. 
  • Los millennials y la generación Z ya han tomado las riendas de la sociedad, cambiado las empresas y los gobiernos. La digitalización ya no es una opción. 
  • Nuevos modelos de familia y convivencia requieren de nuevos productos y servicios adaptados a una mayor gama de situaciones de convivencia y uso. 
  • La preocupación por la sostenibilidad y la ecología nos lleva a un menor consumo de objetos nuevos o de usos eventuales a favor, de modelos sharing, más reciclaje, segunda mano, alargar la vida útil de las cosas… Es decir, menos pero mejor producción y consumo más consciente. 
  • Las plataformas de pago por uso tanto en lo audiovisual como en los medios de comunicación (cada vez con menos peso en la creación de opinión por la polarización de opiniones y los aparentes servilismos políticos) reducirán las inversiones publicitarias tradicionales a favor de la comunicación directa con cada individuo, las prescripciones de amigos y usuarios conocidos. 
  • Una sociedad más preocupada por la salud, tanto física como psicológica, el crecimiento personal y la espiritualidad pone el foco en otros objetivos y decide dedicar sus recursos de otra forma.  
  • La sociedad es cada vez más consciente de que el consumo no da la felicidad, por lo que se cambian las creencias con respecto a qué es el éxito. Menos posesiones y más experiencias. Las marcas pondrán más foco en cuidar a los clientes para que quieran pagar más y durante más tiempo en lugar de tener que estar constantemente captando nuevos clientes poco fieles y en una guerra de precios que provoca infraempleo. 
  • Cambiará el concepto de posesión. Las casas se vivirán como refugios, no tanto como inversión. Las nuevas generaciones no querrán estar atados a un bien que les tendrá “esclavizados” a un lugar o a un trabajo, si esta experiencia no les satisface.  
  • El concepto de nómada digital que permitirá “vivir” en lugares deseados durante más tiempo, junto con el cambio climático se reducirá el turismo de sol y playa, la búsqueda de la experiencia cambiará el concepto de turismo. 
  • Los trabajos para toda la vida serán cada vez más escasos, y lo normal será “reinventarse” un par de veces en la vida. Para eso invertiremos más en formación para ser empleables, como una responsabilidad personal. 

Y más, mucho más… porque nos falta hablar de la movilidad y cómo cambiará la forma de desplazarnos, de las comunicaciones y la tecnología, de las profesiones “del amor” y no, no pienses mal… pero en un mundo robotizado y digitalizado, el conocimiento está en las máquinas, y cada vez el calor humano, el amor, el cariño, el cuidado, la creatividad, el pensamiento crítico, la capacidad humana para relacionar ideas y conceptos, una sonrisa o una palabra amable, serán más valorados, así que el éxito de una vida no se medirá por las posesiones que acumule o el poder que ejerza sobre los demás, sino por la capacidad de cada individuo de cuidar (al prójimo, al planeta) y de cuidarse de sí mismo, como ser multidimensional. 

Por supuesto estas son tendencias lentas, que convivirán con modas más o menos antagónicas y que será desigual según países… pero es un camino inexorable. 

Algunas olas no son ni del mar, ni de covid, sino de pensamiento y de conciencia colectiva. Es posible que se tarde tiempo en ver que la tendencia se mantiene en el tiempo para hacerse una corriente sólida que marca la diferencia o que supone un cambio de ciclo, pero ¡tiempo al tiempo! 

Ah, otra curiosidad para constatar mi teoría: El 2022, según el horóscopo chino es el del Tigre del Agua, es decir, el fin de todo lo malo. ¡Vale, lo admito, puede ser una superstición pueril! Pero, dime, entre poner un informativo cualquiera en Tv o pensar que ha llegado el tiempo del “fin de lo malo”, ¿qué prefieres? 

 

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